Los genes del colibrí revelan secretos evolutivos de la América Central Nuclear
- Un estudio con herramientas genéticas revela que la compleja geografía de esta región —que abarca desde México hasta Nicaragua— alberga variaciones evolutivas únicas de más de dos millones de años.
- Los hallazgos indican que la discontinuidad de los bosques de montaña, ya sea a través de procesos naturales o actividades humanas, aísla las poblaciones de colibríes endémicos lo que puede reducir su variación genética y acelerar su vulnerabilidad ante fenómenos como el cambio climático.
Por Susana Paz
Ciudad Universitaria, CDMX. 26 de mayo de 2026.- La América Central Nuclear, una franja geográfica que abarca desde el Istmo de Tehuantepec en México hasta la Depresión de Nicaragua, resguarda secretos evolutivos de más de dos millones de años. A pesar de que las regiones montañosas del planeta resultan cruciales para la biodiversidad global, ya que albergan al 87% de las especies de anfibios, aves y mamíferos del mundo, este territorio permanece prácticamente olvidado por la investigación científica contemporánea.
Un estudio genético enfocado en dos especies de aves endémicas de la zona, los colibríes Garganta Verde (Lampornis viridipallens) y Pecho Verde (Lampornis sybillae), y publicado en la revista científica Biological Journal of the Linnean Society, revela cómo los procesos biogeográficos e históricos impulsaron una diversificación in situ. La investigación, liderada por la doctora Rosa Alicia Jiménez —profesora de la Escuela de Biología de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) y doctora por la Universidad de California, Berkeley—, demuestra que el análisis de la biodiversidad a escala molecular es indispensable para diseñar estrategias de conservación efectivas en ecosistemas vulnerables.
Durante su conferencia presentada en el marco del XVIII Seminario Rafael Martín del Campo y Sánchez, organizado por el Laboratorio de Vertebrados del Departamento de Biología Comparada de la Facultad de Ciencias de la UNAM (FC), la investigadora expresó la urgencia de estudiar este “laboratorio natural” y expuso su más reciente artículo publicado como resultado de su trabajo de doctorado con una perspectiva desde la biología integrativa.
A través de la biogeografía de la conservación —disciplina que conecta los procesos históricos con las necesidades actuales de protección y que fue conceptualizada en el año 2005—, el equipo de investigación descifró la historia escrita en el ADN (Ácido Desoxirribonucleico) de estas aves de alta montaña.
Los datos mitocondriales y de microsatélites indicaron que L. viridipallens y L. sybillae divergieron en alopatría (debido al aislamiento geográfico) durante el Pleistoceno temprano a ambos lados de la Depresión de Honduras. Esta divergencia ocurre cuando poblaciones de una misma especie quedan físicamente separadas por barreras geográficas (como montañas o ríos). La divergencia del nicho ecológico siguió o acompañó a esta separación histórica.
En la actualidad, los valles secos que separan las cadenas montañosas actúan como muros invisibles para los organismos restringidos a los bosques de niebla. El Sistema de Fallas Motagua-Polochic-Jocotán y las depresiones entre los volcanes cuaternarios y terciarios en el sur de Guatemala constituyen las principales barreras físicas que detienen el flujo genético en L. viridipallens. El estudio descubrió además que este aislamiento es heterogéneo: la diferenciación poblacional se acentúa en el lado oriental del sistema de fallas, pero no en el lado occidental.
Cuando la apariencia engaña al ojo humano
Según explicó la doctora Jiménez, uno de los aportes más llamativos de la taxonomía integrativa es que los grupos genéticos descubiertos en el laboratorio no coinciden con las subespecies que la ornitología clásica reconoció en el siglo pasado con base en la morfología. Aunque los colibríes de distintas montañas son físicamente muy similares en sus mediciones externas, sus genes muestran una realidad evolutiva totalmente distinta.
La investigadora aclaró en entrevista que estos datos moleculares complementan los criterios tradicionales como el canto o el plumaje. Por ahora, el estudio expone de forma clara que las clasificaciones vigentes no reflejan toda la historia de la especie. El equipo analiza actualmente una mayor cantidad de datos del genoma (mediante secuenciación de nueva generación con la técnica RADseq) para proponer una recomendación taxonómica oficial en el futuro, un esfuerzo que incluye a otras cinco aves que comparten el mismo hábitat montañoso, como el Chipe Cejas Doradas y el Pavito Alas Negras.
De la vulnerabilidad a la política pública
La investigación también enciende las alarmas sobre un peligro ecológico latente. En los volcanes de Suchitán, Tecuamburro, Santa Ana y San Vicente, las poblaciones de colibríes comparten exactamente el mismo haplotipo mitocondrial; es decir, carecen de variación genética. Aunque la complejidad topográfica explica la enorme riqueza de especies en las montañas, hoy estos entornos sufren la modificación debido a actividades humanas como la ganadería y la agricultura.
“Las barreras artificiales restringen a las especies en parches de bosque aislados y discontinuos. Al reducirse el tamaño de sus poblaciones, estas pierden variación genética a través de un proceso conocido como deriva génica. La reducción de variación genética los cambia de adaptables a vulnerables. Una población sin variedad es incapaz de adaptarse a eventos climáticos extremos como el aumento de temperatura, pues la selección natural no tiene opciones de donde elegir. Si ocurre un episodio de calor extremo y no existe una variedad que lo tolere, la población entera puede desaparecer”, advirtió la doctora Jiménez, quien desde 2019 es Curadora de la Colección de Aves de la USAC.
La investigadora concluyó que estudiar la variación genética no es un mero ejercicio teórico, sino una brújula de conservación. Al identificar con precisión qué poblaciones perdieron sus defensas genéticas, los gobiernos pueden diseñar e implementar políticas públicas y planes de manejo dirigidos con mayor eficiencia. El objetivo a futuro es dar continuidad al monitoreo con más muestras para desentrañar la historia de estas aves en escalas de tiempo y territorio aún más específicas, antes de que cientos de miles de años de evolución desaparezcan sin posibilidad de retorno.
En esta investigación colaboran también el Museo de Zoología de Vertebrados de la Universidad de California, Berkeley y el Museo Field de Historia Natural. Otros museos hicieron posible la investigación al compartir muestras para la obtención de ADN, como el Museo de Zoología Alfonso R. Herrera de la UNAM, Museo Burke de Historia Natural y Cultura de la Universidad de Washington en Seattle, Museo de Ciencia Natural de la Universidad Estatal de Louisiana y el Instituto de Biodiversidad de la Universidad de Kansas.