El suelo, la última frontera de los microplásticos
Por Susana Paz
Ciudad Universitaria. CDMX. 5 de marzo de 2026.- ¿Qué dejará nuestra civilización como registro fósil? Si nos extinguiéramos hoy, los geólogos del futuro no sólo encontrarían huesos, sino una capa ininterrumpida de polímeros. Más de la mitad del plástico que existe en el planeta se ha fabricado apenas del año 2000 a la fecha, marcando el inicio de lo que algunos científicos ya llaman la era del Homo plasticus. Sin embargo, mientras nuestra mirada suele estar fija en las islas de basura en el océano, bajo nuestros pies se gesta una crisis silenciosa: la contaminación por microplásticos en el suelo, el recurso que sostiene el 95% de nuestra alimentación.
Como parte del V Seminario de Ecología de la Facultad de Ciencias, UNAM (FC) la Doctora Elizabeth Chávez García, investigadora del Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (FFyL) dio, en su conferencia Microplásticos en el suelo: pequeños contaminantes, grandes efectos, un panorama detallado y alarmante sobre la situación de los microplásticos en el planeta, sobre todo, sobre su presencia en el suelo, un tema que no ha sido tan estudiado como el de los océanos, a pesar de que se estima que la contaminación del suelo es mayor que en sistemas acuáticos. También brindó algunas alternativas para enfrentar este desafío ambiental y lo que, desde la ciencia, se está trabajando.
Los plásticos son polímeros de alto peso molecular, maleables, generalmente derivados del petróleo, de bajo costo y alta durabilidad (entre 20 y 500 años). Su producción mundial superó los 400 millones de toneladas (Mt) en 2024. Se estima que para 2050 la producción y manejo de residuos generará más de 25 mil Mt.
En este contexto, cada minuto se compra un millón de botellas plásticas, por lo que se cree que, en un escenario sin cambios, para 2050 el océano contendrá más plásticos que peces por peso; no obstante, se estima que la contaminación del suelo es mayor que en sistemas acuáticos. Se estima que desde 1950, el 50% de los plásticos nunca ha sido reciclado, 30% continúa en uso, 11% ha sido incinerado y sólo cerca de un 9% se ha logrado reciclar.
Los microplásticos (partículas de entre 1 micra y 5 mm) no solo llegan al suelo por la basura mal gestionada. Su origen es cotidiano y sorprendente: el 35% puede provenir de las microfibras sintéticas que desprende nuestra ropa en cada lavada, y un 30% podría surgir del desgaste de las llantas en el pavimento.
En los estudios de los microplásticos en el suelo, la especialista explicó que, en México, la situación es crítica pero poco documentada. Análisis en zonas como el Valle del Mezquital revelan que el riego con aguas residuales puede depositar hasta 3 mil 135 millones de partículas por hectárea y temporada de crecimiento.
Una vez en el suelo, los microplásticos migran tanto vertical como lateralmente mediante percolación, labranza, bioturbación y ciclos de secado-humedecimiento que generan agrietamiento del suelo. Los efectos de los microplásticos en las propiedades del suelo son multidimensionales, complejos y variables. Sin embargo, pueden alterar las propiedades físicas del suelo (por ejemplo, obstruir sus poros) y afectar los ciclos vitales del nitrógeno y el carbono. Pero el daño no se queda en la superficie. La fauna del suelo, como algunas especies de lombrices, ingiere estas partículas, transportándolas a capas más profundas. Eventualmente también puede haber absorción por las raíces de las plantas.
A nivel mundial, México ocupa el lugar 12 en consumo de plásticos y el 11 en producción. Hasta el 2024, sólo el 6.7% de las investigaciones sobre microplásticos en el país se habían centrado en los suelos; la mayoría se ha enfocado a zonas costeras.
Según datos de la especialista, se han reportado hasta 936 mil partículas por metro cúbico en agua dulce. La excesiva presencia representa una seria amenaza a la vida de los ecosistemas. Son fuente de contaminantes por los aditivos que se les incorporan durante el proceso de manufactura como los antimicrobianos, lubricantes, retardantes de llama, pigmentos, antioxidantes, antiestáticos, fragancias y estabilizadores de calor.
Se han encontrado MiP en la mayoría de los ecosistemas, presentándose una mayor contaminación y concentración en las zonas más industrializadas y pobladas.
Recientemente, la ciencia ha detectado estas partículas en órganos humanos vitales, incluidos el hígado, los riñones y el cerebro, lo que convierte un problema ambiental en una emergencia de salud pública, de la que aún se desconocen sus alcances.
“Nuestra comprensión de los efectos aún es muy limitada, debido a que no existe un nivel de referencia para una cantidad tóxica de microplásticos, por lo que actualmente no es posible afirmar si representan un riesgo”.
Frente a este “enemigo invisible”, la doctora subraya la urgencia de la investigación científica: “la biorremediación, mediante el uso de microorganismos capaces de degradar plásticos, se presenta como una esperanza científica. Sin embargo, la solución también requiere un cambio de paradigma en nuestro consumo: reducir el uso de textiles sintéticos y plásticos de un solo uso es vital”. Si el suelo es el origen de la vida, protegerlo de la contaminación plástica es, en última instancia, protegernos a nosotros mismos.
Para la investigadora, desde la sociedad, algunas medidas que se pueden hacer son, en primera instancia, tomar conciencia del gran impacto y lo siguiente es tomar acción: reducir nuestro consumo de plástico utilizando otros materiales (vidrio, metal, madera o cartón), cargar una bolsa de tela en todo momento, reutilizar y reciclar bolsas, envases, empaques, etcétera, comprar a granel alimentos y productos de limpieza, seleccionar productos sin empaque o empacados en papel o cartón, evitar ropa de fibras sintéticas, además de mantenernos informados y actualzados sobre este tema, a partir de fuentes confiables.
Desde el gobierno, afirma, es necesario prohibir plásticos de un solo uso, impulsar cambios en la manufactura con un rediseño de materiales, fortalecer programas de acopio, reciclaje y desecho, hacer monitoreo satelital de vertederos clandestinos, mejorar la captura de microfibras del agua, implementar la responsabilidad extendida del productor (en neumáticos y textiles), entre otros.
Y en el ámbito de la ciencia, la búsqueda se encamina hacia nuevas soluciones como la biorremediación, microorganismos para degradación de plásticos hasta sus monómeros para su posterior reciclaje, o bien lograr mineralización completa (CO2, CH4, compuestos volátiles y ácidos orgánicos).
En este rubro, afirma que para avanzar en la investigación y monitoreo sobre la contaminación es necesario desarrollar métodos precisos, factibles, seguros y reproducibles considerando que existe una amplia gama de tamaños, formas y tipos de plásticos.