La Facultad de Ciencias inaugura el “Espacio Violeta”: un refugio para recuperar las voces de las mujeres en la Biblioteca Ricardo Monges López
Por Susana Paz
Ciudad Universitaria. CDMX. 13 de febrero de 2026.- Leer puede ser un acto reparador y de resistencia a la vorágine del tiempo. Bajo esta premisa, la Facultad de Ciencias de la UNAM (FC) inauguró el “Espacio Violeta” en la Biblioteca Ricardo Monges López: un rincón diseñado para recuperar las voces de las mujeres, su producción intelectual y científica; un lugar para sentirse acompañadas parecido a la sala de nuestra casa, con flores y colores cálidos.
Durante siglos —afirmó el director de la FC, Luis Felipe Jiménez García—, el relato de la ciencia se ha contado en singular y en masculino. Sin embargo, en los pasillos de esta Facultad el rigor y la curiosidad no tienen género. Este espacio no solo busca ofrecer literatura especializada; busca visibilizar los aportes de las mujeres científicas que, a pesar de las barreras estructurales, transformaron nuestra comprensión del universo.
Se trata de un proyecto que impulsa desde 2025 la Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información (DGBSDI) en conjunto con la Coordinación para la Igualdad de Género en la UNAM (CIGU) llamados “Espacios Violetas” o “Bibliotecas / Colecciones moradas” en las bibliotecas de las entidades y dependencias de la Universidad. A la fecha 43 bibliotecas han creado su colección violeta y siete se encuentran en proceso en 2026.
“Hoy nos reunimos para dar un paso firme hacia una ciencia más justa y completa. Inauguramos un espacio que nace de la convicción de que la excelencia académica no puede existir sin la perspectiva de género (...) Será un espacio de consulta donde estudiantes, la planta académica y administrativa podrán encontrar artículos y libros que desafían el canon tradicional, es decir encontrarán bibliografía de ciencia y género o bien libros de ciencia escritos por autoras mujeres. Con esta iniciativa, la UNAM reafirma su compromiso con la igualdad”, expresó el director.
La filósofa feminista y coordinadora de la CIGU, Norma Blázquez Graf, reconoció que este esfuerzo de la Facultad consolida el trabajo que han hecho un grupo de académicas en diferentes áreas y da continuidad a un antecedente que se tuvo en los 80 con una revista que se publicaba llamada Súper cuerdas.
“El trabajo que se ha hecho en la Facultad tiene mucho tiempo, un rincón como este va a permitir poder tener esta genealogía que estamos impulsando en la universidad, de quienes han sido las precursoras y pioneras que han ido rompiendo muchas de las resistencias que hay, de quienes están ahora y de las nuevas generaciones. Es importante que todas las académicas, estudiantes y grupos que han sido excluidos tengan acceso a este tipo de conocimiento en un espacio seguro para que se pueda leer y discutir”.
La coordinadora de la Comisión de Equidad de la FC, Karla Ramírez Pulido, moderó el evento de este espacio que se encuentra en el primer piso de la biblioteca y recordó que este “rincón violeta" es para toda la comunidad, alumnado, profesorado y planta administrativa, de cualquier género: mujeres, hombres y personas de la comunidad LGBTIQ+.
El objetivo, dijo, era claro y urgente: Primero, porque así se puede visibilizar y romper el sesgo de género histórico en los acervos académicos. Segundo porque así se puede acceder de manera más fácil y tener un contacto directo con la producción intelectual, científica y literaria de las mujeres. Y tercero porque este espacio inspira pues es un lugar físico donde la Perspectiva de Género (PEG) en la ciencia no sea un concepto abstracto, sino una realidad palpable en libros y artículos.
Para Ruth Takayanagui, de la Comisión Interna de Igualdad de Género de la (DGBSDI), los espacios violetas o colecciones moradas favorecen también la colaboración y el trabajo colectivo entre el sector bibliotecario, la CIGU y las comisiones internas de cada entidad, con el fin de alcanzar la igualdad de género y una cultura incluyente en cada ámbito de la vida laboral, académica, social y cultural.
Sandra Barranco, de la Dirección de Transversalización de las Políticas Universitarias de la CIGU, espera que este “rincón” se convierta en un espacio vivo y que el profesorado también haga uso de él para incorporar la perspectiva de género a sus clases, con materiales que puedan ser útiles para su trabajo docente, así como también para las trabajadoras y administrativos, para que puedan conocer los materiales y hacer comunidad.
La coordinadora de la Biblioteca de la FC, María Victoria Guzmán Sánchez, reconoció el trabajo de todas las áreas que participaron en la Facultad para la concreción de este espacio, desde los trabajadores de la biblioteca, hasta la Coordinación de Equidad de la FC, el área de diseño y las académicas que colaboraron en la decoración.
Como parte de Pak´te, Área de Orientación y Atención para la Violencia de Género de la FC, Janett Leticia Martínez Bautista, afirmó que se debe reconocer la deuda histórica que se tiene con las mujeres que han compartido sus conocimientos y que no han sido reconocidas, pero que con este espacio se les está dando voz y con ello la posibilidad de promover una universidad más justa e incluyente.
Leer a otras no sólo nos informa, también nos acompaña
Como parte de la inauguración académicas de la FC expresaron su sentir sobre la apertura de este espacio en un Conversatorio moderado por la profesora Edith Florely del Toro Rangel, realizado en el Aula Magna Leonila Vázquez quien, por cierto, fue una bióloga mexicana especialista en insectos que dedicó gran parte de sus estudios a entender la biología de la grana cochinilla.
Para la bióloga Tatiana Fiordelisio Coll, este espacio tiene un significado profundo: visibilizar la producción intelectual y científica de las mujeres no como una sección aislada o una categoría aparte, sino como una manera de reconocer que la historia del conocimiento ha sido incompleta y que todavía estamos ampliando quiénes aparecen en nuestros referentes.
“Durante mucho tiempo, muchas ideas, investigaciones y voces quedaron fuera de lo que se consideraba el canon académico, y recuperar esas escrituras también es recuperar formas distintas de mirar el mundo (...) La escritura deja huella; es una forma de existencia. Y cuando una estudiante toma un libro y encuentra el pensamiento de otra mujer —sus preguntas, sus dudas, sus hallazgos— ocurre algo muy poderoso: deja de sentirse sola en su propio camino. Leer a otras no solo nos informa, también nos acompaña”.
Para la investigadora, este rincón no es solo una colección de textos; es un lugar donde las historias dialogan entre sí y donde quizá alguien descubra que su propia voz también merece escribirse y ser escuchada.
La profesora María de Lourdes Segura Valdéz, del Departamento de Biología, espera que este espacio se convierta en un refugio (que a veces no siempre es la sala de la casa), en el que todas las divergencias puedan asistir para conocer, leer o simplemente reposar y sentirse confortables. Será un lugar que se aproveche para que todo el conocimiento que se ha generado en la Facultad y en el que han contribuido estudiantes, trabajadoras y académicas, esté reunido ahí y se pueda consultar.
El año en que Carmen Martínez Adame entró a estudiar a la Facultad de Ciencias también se inauguró la biblioteca, por lo que ha visto cómo se ha consolidado en un lugar central para la formación, la investigación y el encuentro de personas de la comunidad, por lo que ahora, años después, el que se inaugure este espacio lo considera como “simbólicamente fuerte”.
Esto habla, dijo, de una institución que no es estática, que puede reinventarse, ampliarse, transformarse y mejorar. Recordó que la invisibilización de los referentes de mujeres en la ciencia ha sido evidente, siendo muy profunda en las Matemáticas, su área de investigación, lo que se puede reflejar con que no haya ningún espacio en la Facultad que lleve el nombre de una matemática mujer, pero sí de hombres.
“Los nombres de los espacios importan, las colecciones visibles importan, los referentes importan. El rincón violeta por sí solo no resuelve esta desigualdad estructural, pero sí envía un mensaje claro: la producción científica de las mujeres existe, es rigurosa, central y debe ser accesible, además se puede y se debe llevar a cabo en lugares seguros”.
La física Andrea L. Aburto Espina, quien se definió como una lectora voraz desde niña y una apasionada de la novela policíaca, habló de la complejidad que es tener o encontrar referentes mujeres en el área de Física, de ahí la relevancia de la existencia de estos espacios.
Para la profesora Lucía Medina Gómez, esta idea de un rincón violeta es enriquecedora porque conjuga el conocimiento de manera integral, porque qué sería la ciencia sin el arte, la filosofía y todas las áreas del conocimiento y expresión humana; qué sería la ciencia sin las mujeres que han otorgado valentía y capacidad y por las que, gracias a los desafíos que han sorteado, estamos aquí en este momento.
El Espacio Violeta está abierto en el mismo horario de la biblioteca (de lunes a viernes de 7 a 21 horas y los sábados de 7 a 16 horas) y es bienvenida toda la comunidad universitaria que quiera estar en un lugar donde se pueda detener un momento, hojear un libro sin culpa, conversar sin urgencia y recuperar ese tiempo que, en la prisa cotidiana, parece escaparse de nuestras manos.