El Bosque de Agua: el corazón hídrico que sostiene a 25 millones de mexicanos
Por Susana Paz
Ciudad Universitaria, CDMX. 30 de abril de 2026.- “Solo cuando el último árbol haya caído, descubrirán que el dinero no es un refugio ni un alimento”, advierte el ajolote protagonista del documental Bätsi. El ajolote y su reflejo (2025). Esta sentencia marcó el tono del foro "Miradas hacia la conservación e importancia del ajolote y la biodiversidad del Bosque de Agua", organizado por Erika Cuervo Flores, estudiante de biología de la Facultad de Ciencias de la UNAM, en el marco del Día Mundial de los Anfibios.
Víctor Ávila Akerberg, titular del Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología (COMECYT), lanzó una alerta urgente sobre este territorio de 250 mil hectáreas, fundamental para la supervivencia del centro del país. Este ecosistema no es solo un paisaje; es la infraestructura natural que provee agua a 25 millones de personas, una cifra que escala a los 35 millones si se considera su área de influencia extendida.
Ávila Akerberg propuso una visión ambiciosa: transitar de la actual protección de una "L" territorial hacia una "Gran W" (por Water o el mapa de México visto desde el sur). Este corredor integraría desde la Sierra Nevada y el eje Popo-Izta hasta el Nevado de Toluca y la región de la Mariposa Monarca.
"Nuestra propia sostenibilidad depende de este corredor hídrico", señaló Ávila, quien instó a que el Bosque de Agua sea declarado corredor hídrico y biocultural de seguridad nacional. La propuesta incluye una reforma legislativa para establecer una coordinación regional vinculante entre la Federación, la CDMX, el Estado de México y Morelos, superando así la actual dispersión normativa que frena su protección.
La riqueza en juego, aseveró, es incalculable: el área alberga entre el 10% y el 15% de toda la biodiversidad de México. En sus bosques y humedales conviven más de 3,000 especies, incluyendo al halcón peregrino, 165 especies de mamíferos como el gato montés y 80 especies de herpetofauna, de las cuales 24 son anfibios en riesgo.
La economía de la devastación
El funcionario fue tajante al calificar la tala ilegal como una actividad que "aterra" por su impacto económico devastador y desigual. Las cifras presentadas revelan una realidad alarmante: mientras el Pago por Servicios Ambientales que reciben los comuneros es de apenas $1,500 MXN anuales por hectárea, la tala ilegal puede generar ganancias ilícitas de hasta $120,000 MXN en el mismo periodo.
Sin embargo, el costo real para la sociedad es infinitamente mayor. Se estima que la pérdida en captación e infiltración de agua por cada hectárea talada equivale a un valor de $36 millones de pesos en un horizonte de 50 años. Esta "pérdida invisible" pone en jaque la viabilidad hídrica de la región, sumándose a otros riesgos críticos como los incendios forestales, la contaminación de cuerpos de agua —particularmente el Río Lerma—, la cacería ilegal y la presión de proyectos inmobiliarios.
El ajolote: un espejo de nuestra sociedad
El biólogo y cineasta Ernesto Anaya Adalid presentó el proyecto documental Bätsi. El ajolote y su reflejo (palabra otomí para "criatura" o "niño"). El filme rompe el esquema tradicional de divulgación: no es un experto quien explica la naturaleza, sino el propio ajolote quien observa y cuestiona a la sociedad humana.
"Queríamos que los animales nos vieran a nosotros", explicó Anaya. Esta "fábula científica" busca sensibilizar sobre amenazas como la expansión urbana descontrolada, el "huachicoleo" del agua y las especies invasoras, demostrando cómo el arte puede ser un vehículo para el pensamiento crítico.
Ciencia aplicada contra la extinción
La doctora Eria Rebollar Caudillo, del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM, expuso la frontera del conocimiento en el estudio genético de los ajolotes. Rebollar lidera un proyecto interdisciplinario que estudia siete especies de ajolotes en el Estado de México y el Bosque de Agua, con el objetivo de conservar la especie y la salud de sus ecosistemas. La investigadora invitó a las y los estudiantes a sumarse a este esfuerzo científico.
Asimismo, el biólogo Alejandro Calzada, de la Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX (Sedema), detalló las acciones gubernamentales que buscan mitigar el deterioro de este cinturón verde que rodea a la capital.
El foro cerró con un mensaje contundente para la comunidad universitaria: no permitir que la ciencia se quede atrapada en las bibliotecas. Víctor Ávila instó a los jóvenes a transformar sus conocimientos en materiales accesibles que incidan realmente en la toma de decisiones.
La consigna final fue un eco de urgencia por parte de Ernesto Anaya: “Biólogas y biólogos del mundo ¡únanse para salvar al Bosque de Agua!”, una batalla que es, en última instancia, por la vida misma de la metrópoli.