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Ciencia abierta y juventud: la Facultad de Ciencias en la Segunda Semana Nacional de Cultura de Paz

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  • Impulsan la ciencia abierta y el acceso libre al conocimiento como pilares fundamentales para la prevención de conflictos
  • La comunidad académica y estudiantil de la Facultad de Ciencias destacó en Las Islas con talleres de biorremediación hídrica, actividades de concientización sobre enfermedades raras y la presentación de soluciones tecnológicas en un panel sobre sustentabilidad.


Por Susana Paz

Las Islas de Ciudad Universitaria y el Auditorio Alfonso Caso albergaron las actividades de la Segunda Semana Nacional de Cultura de Paz UNAM 2026, bajo el lema “Juventudes: Encuentros y Voces”. En esta edición, la Facultad de Ciencias (FC) participó con charlas de divulgación, muestras de biotecnología ambiental, dinámicas lúdicas y la representación de su comunidad estudiantil en los paneles de debate sobre sustentabilidad.

El encuentro convocó a especialistas internacionales como la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú Tum y Manuel Torres Aguilar, titular de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos de la Universidad de Córdoba, España.

Durante la ceremonia inaugural realizada en el Auditorio Alfonso Caso, el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, afirmó que la paz exige defender los derechos, atender las causas del descontento y generar condiciones para una participación plena en la vida común. “La cultura de paz se aprende y se construye día con día en los hogares, las aulas, los centros laborales, las calles, las instituciones y la esfera pública. Se manifiesta en el trato que damos a los demás, en la disposición a escuchar y en nuestra capacidad para responder por nuestros actos”.

El rector expuso que, de acuerdo con el Índice de Paz Global 2026, ésta se deterioró por duodécimo año consecutivo. En 2025 hubo poco más de 181 mil muertes asociadas con conflictos violentos y, para mediados de ese año, 117 millones de personas se encontraban en situación de desplazamiento forzoso. 

En este contexto,  Lomelí Vanegas consideró que la educación superior pública debe ofrecer herramientas para comprender esta realidad y actuar responsablemente, acompañar la formación profesional de sensibilidad ante la desigualdad, la discriminación y el sufrimiento ajeno.

“Educar para la convivencia pacífica implica aprender a argumentar sin descalificar; cuestionar las relaciones de poder y buscar soluciones que eviten reproducir el daño. También supone asumir que el conflicto forma parte de la vida social; nuestra tarea es encauzarlo mediante la deliberación informada, la mediación y el acceso a la justicia”.

La estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Oriente, Estefani López Cruz, quien forma parte de la Comunidad Tejedora de Paz del Bachillerato de la UNAM, dijo en la ceremonia que la paz se aprende, luego se practica y por último se contagia y se puede poner en marcha desde la manera en que se resuelve un problema, sin gritar; al incluir ideas distintas; al cuidar un espacio común. “Sabemos que hoy la violencia se ha normalizado con palabras que hieren, con las burlas en redes sociales, con la indiferencia”.

En el presídium estuvieron Leticia Cano Soriano, titular del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias (PUCPAZ); Enrique Javier Ochoa Martínez, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos; Daniel Giménez, jefe de Misión Adjunto de la Embajada de Noruega en México; Rocío Bárcena Molina, subsecretaria de Construcción de Paz, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación; Juan Jeannet Arce, representante del Centro Noruego para la Resolución de Conflictos; Dionisio Meade, presidente del Consejo Directivo de Fundación UNAM; y Francisco Gorjón Gómez, representante de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

La ciencia accesible como promotora de paz social

La Facultad de Ciencias participó en las Jornadas Comunitarias por la Paz celebradas en Las Islas, espacio donde 54 entidades universitarias e instituciones externas promovieron el diálogo con la comunidad.

José Ramón Hernández Balanzar, coordinador de SinergiaLab —proyecto de divulgación de la FC—, explicó el propósito de la entidad en este foro: “La participación de la Facultad en esta jornada de paz fue en el tema que la propia facultad cultiva, que es la ciencia y la paz. Hablamos de la ciencia como un promotor de paz y desarrollo”.

Hernández Balanzar afirmó que el acceso al conocimiento científico actúa como un detonante para desarrollar paz en las sociedades, en alineación con las recomendaciones de la UNESCO sobre ciencia abierta.

“El acceso al conocimiento es un derecho universal de la humanidad. Queremos promover ese conocimiento a más gente. La ciencia es algo tan importante que, solo por eso, debería ser del conocimiento de más personas, no solo de los científicos. Esta participación nos permitió pasar de la ciencia tradicional a una ciencia más abierta, ciudadana, inclusiva y participativa”.

Dentro del estand institucional, la profesora Mónica Ramírez Vázquez presentó la investigación que realiza con el académico Enrique A. Antiral Uriza y la bióloga Sofía Beatriz Laguna Soria, mediante la exposición “Agua, Paz y Biorremediación”. En esta muestra abordaron el recurso hídrico como un factor determinante para la estabilidad social y geopolítica.

Explicaron cómo la biotecnología ambiental —mediante microalgas y cianobacterias— ofrece alternativas sostenibles y de bajo costo para limpiar efluentes contaminados, remover metales pesados, absorber excedentes agrícolas y devolver agua limpia a comunidades vulnerables, lo que previene disputas territoriales.

A la par, las estudiantes de la asignatura Introducción a Eukarya, María Guadalupe Reyes Rosas, Nirvana Romero Delgado y Erika Sofía Pérez Perea, diseñaron la “Biolotería”, un juego interactivo donde el público aprende de manera sencilla cómo las algas y cianobacterias ayudan a limpiar ambientes contaminados (metales pesados, entre otros).

Diego Alberto Carrasco Morán, biólogo egresado de la FC que se desempeña como académico y divulgador de las enfermedades raras en México, llevó a cabo la actividad «Lotería Rara». Inspirándose en el tradicional juego de mesa de la lotería mexicana, Diego rediseñó la propuesta al incorporar enfermedades poco comunes, conceptos científicos y valores sociales vinculados a estas afecciones.

Mientras participaban en el juego, los asistentes escucharon una charla de concientización sobre los desafíos, la desinformación y las limitaciones médicas que enfrentan los pacientes y sus familias, cuenten o no con un diagnóstico definitivo.

Se considera enfermedad rara a aquella que afecta a cinco de cada 10 mil habitantes en una población. No obstante, en México se estima que alrededor de ocho millones de personas viven con alguna de estas condiciones. Desde 2022, Diego ha liderado y expandido su trabajo de divulgación bajo el seudónimo “LTC: Enfermedades Raras (La Tacita de la Ciencia)”. 

Tecnología cuántica y la voz de las juventudes

La representación estudiantil de la Facultad de Ciencias alcanzó el ámbito de los paneles de debate con la intervención de Leonardo Solís Rodríguez, estudiante del último semestre de la licenciatura en Física, quien participó en el conversatorio sobre sustentabilidad, bienes comunes y resiliencia.

Solís Rodríguez expuso el trabajo de su equipo en competencias de desarrollo tecnológico (hackatones), con el cual obtuvieron el primer lugar a nivel Latinoamérica mediante el diseño de un sistema de administración de energía para microredes eléctricas a través de algoritmos cuánticos. Este desarrollo optimizó el uso de generadores, extendió la vida útil de las baterías y redujo el consumo de combustibles fósiles.

Al reflexionar sobre el vínculo entre el desarrollo científico y la no violencia, el alumno de Física señaló: “La sustentabilidad es el cuidado de los recursos. Si hay escasez de recursos, existen más situaciones para que se dé la violencia. Si falta agua o luz en una comunidad, hay que pensar en todo lo que podría pasar; por eso se busca una paz con el ambiente que se refleje socialmente”.

Sobre el papel de las y los jóvenes en la resolución de problemas globales, Solís Rodríguez destacó el valor de las ideas creativas y concluyó con una invitación a la comunidad estudiantil: “Es casi obligatorio utilizar lo que sabemos para la mejoría de los problemas. La ciencia no se puede quedar solamente en la acumulación de conocimiento. La verdadera labor social del científico está en la enseñanza, en compartir las ideas. Animo a todos los que estudian carreras científicas a salir de los círculos académicos, porque los problemas de la vida real solo se benefician de las soluciones que se aplican”.